HERMANDAD DE LOS BLANCOS


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Costalero 2006

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PREGÓN DEL COSTALERO
SEMANA SANTA 2006
JUAN CARLOS CARRERO RABADÁN



Autoridades Civiles y Eclesiásticas, Hermano Mayor de los Capiruchos Negros, Hermano Mayor de los Capiruchos Blancos, Hermanos Costaleros, Amigos todos. Buenas noches.
Permítanme que me dirija en primer lugar antes de iniciar este pregón del costalero, dando las gracias al presentador por esta inmerecida narración. Gran orador como ya demostró en su pregón, buen compañero y mejor costalero. Nunca hemos igualado en la misma cuadrilla pero se de tu entrega y tesón como costalero y como prioste de tu Nazareno.
Como he comentado antes nunca hemos levantado juntos la misma trabajadera pero quiero que sepas que cuando el Nazareno hace su primera levantá, soy el primero en romper en aplausos y animarte a ti y a tu cuadrilla.
Amigo Márquez, con el corazón en la mano te digo, que suerte tienes de estar en la cuadrilla del Nazareno, y que suerte tiene la cuadrilla del Nazareno de tenerte como costalero. (Gracias).

Pregón del costalero, cuanto significado para muchos tiene esta palabra “Costalero”, que cuando la nombras estés en la época que estés, el aire se llena de recuerdos, el corazón late más deprisa y la piel se pone tensa. En tu cuerpo se mezclan toda clase de sensaciones y en tu interior, un hormigueo que te sitúa, sin tú quererlo, en plena salida procesional.
Para mí es un orgullo intentar transmitir todo lo que nosotros, los costaleros, sentimos y vivimos debajo de nuestros pasos, debajo de esas trabajaderas y las vivencias durante la salida procesional y las del resto del año.
Al respirar el mismo aire que ellos, por llevar veinticuatro años siendo costalero, se de las preocupaciones que tenemos. No somos perfectos, quizás tengamos más defectos que nadie, “nos dicen” y con parte de razón, que cuando pasa la Semana Santa nos olvidamos de la Iglesia, que sólo nos gusta el protagonismo. Todos sabemos que además de cumplir tus promesas poniéndote el costal, luchas por tu Hermandad y en ti recae gran parte de ella.

Esta noche quiero dar mi admiración
Al costalero de trabajadera
Al costalero montador
Al costalero limpiador
Al costalero recaudador
Al costalero hermano
Al costalero nazareno
Al costalero camarero
Al costalero donante
Al costalero miembro de la junta
Al costalero prioste
Al costalero secretario
Al costalero viajante
A ti como costalero
Hoy te defiendo
Y te doy toda mi admiración y cariño.

En mi caminar como costalero, recuerdo los principios ya lejanos en mi memoria. Llegó a mis oídos que buscaban chavales para sacar en procesión a la virgen de los Dolores. Rápidamente me apunté y empezamos a ensayar, un mundo nuevo sin yo saberlo estaba a punto de comenzar en mi vida. Empecé a conocer personas que eran maravillosas, todo me parecía fascinante; fueron momentos bonitos e inolvidables llenos de incertidumbre y pasión por lo desconocido. Año tras año fuimos haciendo una fabulosa cuadrilla, tanto dentro como fuera del paso, que nada tenía que envidiar a las cuadrillas que había en Valverde.

Todos los costaleros fuimos pasando de conocidos a ser grandes amigos, los capataces nos causaban respeto pero para nosotros eran como hermanos, y cuando te das cuenta llevas casi veinticinco años como costalero.
Diréis que no me faltarán conocimientos ni anécdotas de que hablar, pero no es así; me considero un costalero más, un mal redactor y peor orador, pidiendo que me disculpéis si en algún momento me confundo, sólo desearía que cuando termine este caminar por mi pregón, recordarais estas palabras humildes, y cuando suene el llamador y rompa el silencio en la tarde o en la madrugá, sabed que debajo de las trabajaderas hay muchos corazones sufriendo por su Nazareno, su Crucificado y por su Dolorosa.

He querido reflejar mis vivencias en el paso que me vio nacer como costalero, el que me consolidó como tal y el que si la Señora quiere me verá despedirme. (pausa)
Con ello quiero decir que no me critiquéis por resaltar el paso Virgen de los Dolores, os pido que cada uno trasladéis cada levantá, cada chicotá, cada entrada o salida como si fuera la suya misma, pues esta que os narraré, pretendo con toda humildad que sea por esta vez la de todos.
He pretendido que esta sea mi veinticinco salida como costalero, pero con letras que me salen de lo más hondo de mi ser, y poco a poco recorrer esa estación de penitencia, dedicándosela a los seres queridos y a todos los que han estado a mi lado para que me hiciera y formara como un hombre de costal.

Llegó la hora de la verdad, entre abrazos y lágrimas el costalero entra en las caídas como si del mismo cielo se tratara. Algunos hermanos están ya en el interior en recogimiento y rezos. Poco a poco todos se acoplan en su lugar entre suspiros y pensamientos. El silencio se pronuncia debajo de las caídas. La respiración se agita. Se cierran los ojos y el cuello se pega a la trabajadera como el niño a su madre; a su vez las piernas están rígidas y deseosas de llevar al cielo a tu titular. Los minutos se hacen eternos y entre el murmullo que se percibe del exterior con voz vigorosa, suena el capataz “a esta es”. El martillo cae como granizo al suelo y el paso, todos por igual, es elevado al cielo.
El costalero escucha los primeros aplausos de ánimo, que éste se los toma con mucho gozo. Ya suenan las bambalinas, los cirios se cimbrean, vibran los candelabros de cola “se diría que es como una orquesta conjuntada y armonizada”.
Esta primera levantá se la quiero dedicar a todos los padres y madres y en especial a los míos. Ser costalero no es fácil, pero tampoco es fácil caminar, ni llorar, ni reir, ni hablar, ni amar, ni respetarse… En este largo camino como hombre de trabajadera, madres han venido a pedirme que apuntara a sus hijos a ser costaleros para que se hicieran hombres responsables y capaces de afrontar la vida.
Este hecho, me llena de orgullo y nunca olvidaré esas palabras; palabras que por otro lado escucho en la situación opuesta que dicen: están locos, se van a lastimar, ¿qué le pagan por hacer esto?. Mi madre Virtudes nunca estuvo en contra de que fuera costalero. Me apoyó en todo, me animó, me hizo el costal, me arregló la ropa. Si, porque una madre sabe lo que está bien para su hijo y lo que está mal. Ella sabía que me iba a formar como persona e iba a encontrar compañerismo y amistad.
Por eso una madre te enseña a caminar, a llorar, a reir, a hablar, o amar, y respetarse como te enseña a ser costalero.

Sólo se escucha el rachear de los pies en el mármol liso y frío de la Iglesia, fácil caminar del costalero. Este ya siente en su cuerpo esa primera chicotá. Algunos compañeros no encuentran esa postura idónea. Hombros apretados, brazos entrelazados, manos que buscan esa trabajadera para hacer más llevadero el esfuerzo. Son las primeras sensaciones para que por su peso todo se vaya encajando como un perfecto rompecabezas. Se escucha de pronto el capataz que manda izquierda alante y derecha atrás. Suavemente pero con mucha sutileza el paso hace su giro. La señora parece que va caminando en esa vuelta interminable. Ya se encuentra frente a frente con la patrona, la Virgen del Reposo. El paso se detiene. Va a ser larga la espera de los costaleros en cuclilla.
La virgen cruza la mirada con su hermana, ¿parece que están hablando?. Seguro que sí.

Le cuenta la reposilla
que suerte tienes Dolores
que a la calle vas a salir
con esa cuadrilla que te mece
con tanta gracia y salero.
La Dolores le dice
“hermana” no te impacientes
que les estoy escuchando
que en Septiembre a ti te toca
que ellos no faltarán
como buenos valverdeños
a colocarse el costal
y mecerte por Valverde
para orgullo de toda su gente.

Momentos difíciles para ti costalero, sentado o de rodillas, esperando la llamada de tu capataz, y a lo lejos tus compañeros con su Nazareno ya lo mecen en su primera revirá, con esos sones de tambores y cornetas que rompen y se imponen en la tímida noche.
Es momento de recogimiento, de pensar, de pedir, de rezar, por eso quiero dedicar a mi cuadrilla este momento que estamos frente a frente con la patrona. Quizás algunos penséis que es el que menos emoción tiene y que menos trabaja el costalero. Todo tiene su explicación, hace muchos años este puñado de costaleros hace suyo este momento para pedir por los más necesitados y hacer promesas por esas razones que año tras año nos tiene aquí debajo de la trabajadera. Esta chicotá la quiero dedicar a ustedes costaleros de la Virgen de los Dolores, que estoy seguro que con la humildad que lleváis siempre en vuestro interior a la vez se la dediquéis a todas las cuadrillas de Valverde, a los costaleros de la Soledad, a los del Señor del Santo, los de la Urna, a los costaleros del Crucificado y a los del Nazareno.
Como contaba es un momento de recogimiento y de mucha sensibilidad. Por una vez en toda la estación de penitencia el capataz no lleva el paso y se deja llevar, se incorpora en el interior y se empieza a dedicar esta procesión. Momentos de mucha emoción. Hemos pedido por algunos padres que nos dejaron, por nuestros hijos, matrimonios, por nuestros enfermos. Hemos pedido por personas necesitadas. Yo como pregonero pido en estas letras por los hombres del costal y capataces.


Con penas paseaste a tu crucificado
Mucho cariño de padre y devoción
Racheando costalero tu pie ensangrentado
El Nazareno en Valverde causó impresión.

Todos a una con coraje y calma
Al moreno subiste a su monte sin estremecerte
Esa levantá suave y tierna
Que el Señor en su Urna no despierte.

Tu andar tan especial Soledad
Con ese movimiento bello de varal
Entrada Dolores incomparable y con bondad
A rodillas tú sufres en el lumbral.

Dolorido estás tú costalero
Ya guardaste la faja y el costal
Penas y promesas quedan dentro
En un rincón de tu corazón están.

La llamada del capataz no se hace esperar y el paso se eleva al cielo. Las bambalinas suenan, y la cera se desparrama al choque de la trabajadera con el costal. En silencio y muy despacio el costalero avanza hacia el cancel. Éste solo lleva en su mente que todo salga bien, está muy nervioso, sabe que no es fácil la tarea propuesta, muy concentrado y atento a sus capataces pone todos sus sentidos. El sonido a hierro significa que no hay marcha atrás, entre las caídas recogidas se aprecian las medallas amarradas a las fajas despintando sus colores lilas a causa de su sudor. “Los dos costeros a tierra por igual”. Los costaleros empiezan a bajar poco a poco sin prisas, casi no se aprecia, unos instantes más tarde están de rodillas. El primer bolillo intenta pasar bajo la puerta y después de unos momentos otros varales. El paso sale como hijo parido por su madre. Se escuchan gemidos y lamentos. Queda muy poco, hay que hacer el último esfuerzo, ya salen los candelabros de cola y el paso se encuentra en la calle. Ese puñado de hombres de costal quedan extenuados por el gran esfuerzo realizado. Algunos tumbados en el suelo, otros abrazados entre ellos, rodeados de ese gran aplauso de los asistentes. Todos saben sin que nadie se lo insinúe que ha sido una gran salida.
No puedo olvidar a una persona que si pudiera escribir en letras de oro en vez de tinta negra, así lo haría. Que decir tiene que es la que creo que más me conoce en la vida, la que me espera en mis largas ausencias de ensayos, la que se enfada por mi tardanza, la madre de mis hijos, mi esposa María José.
“Esta salida te la quiero dedicar a ti”. Quizás desconozcas lo que voy a contar, las primeras salidas como costalero, eran algo nuevo, como un juguete que me hacía ilusión por mi juventud, pero al paso de los años, las promesas de un costalero se anteponen a todo. Y así fue, yo las hice por ti y están cumplidas. La distancia que nos separaban se estrecharon y ella nos vió casarnos en su parroquia. A ti María José, Gracias.

Penetra la suave brisa en los respiraderos, que vienen como agua de mayo. Refresca un poco si cabe el calor bochornoso que sufren estos valientes después de su salida del templo.
El costalero un poco curioso mira entre la plata repujada y busca desesperadamente la mirada tierna hacia el cielo de su madre, novia o esposa. Se dan las primeras revirás a los sones de esa magnífica banda de música. Más tranquila la cuadrilla que con amor sigue llevando su yugo, surgen para tranquilizar el ambiente, las primeras bromas de apoyo a los más nuevos, se hacen pequeños comentarios de cómo va el recorrido. El silencio absoluto en la mayoría de los costaleros. Manteniendo sus promesas, una tras otra. Las levantás van haciendo mella en estas grandes personas. El capataz los mima. Él los conoce mejor que nadie. Cinturas entrelazadas para esa difícil levantá a pulso. Paso vivo y animado para estas largas chicotás. Ese niño que levanta las caídas con la mirada perdida en la oscuridad y pregunta con voz temblorosa ¿dónde estás papá?. Este le tiende su mano y sin pronunciar palabra lo abraza. Las lágrimas salen de sus ojos ocultos. No quiere que lo vea emocionado y sus manos acarician sus pequeñas mejillas.
Costalero no estés triste, no tengas pena, que esas lágrimas que derramas, sirven sin que tú lo sepas, para aliviar el dolor de las personas enfermas.
A ellas quiero dedicar estas revirás y chicotás. Personas que están en el olvido del ritmo de la vida. Enfermos que no tienen opción de escoger su presente ni su futuro, seres humanos desamparados, sin techo, desconocidos y amigos que luchan día a día contra la corriente, agarrándose a cualquier resquicio de esperanza.
En especial se la dedico a un gran valiente, que mi cuadrilla ha pedido por él y seguiremos pidiendo. Por tu hermano “Jabato”, para que se cure de esa grave enfermedad y pueda en un futuro cercano meterse con nosotros y guiarnos a ser costaleros de la vida, enseñarnos como hay que apretarse la faja y el costal y meter los riñones para mantenerse con firmeza y fe cuando la vida te da este gran revés.
La cuadrilla y sus capataces van cumpliendo sus pautas y tras una fina y espectacular levantá ya caminan por la calleja. Subida fatigada para los cargadores después de largo y duro recorrido. Los costaleros de las últimas trabajaderas se apoyan unos con otros, pues en ellos recaerá casi todo el peso, los más viejos dan palabras de aliento y ánimos. Detrás se percibe el redoble de tambor, y de pronto, suenan los platillos anunciando que llega una marcha. Se hace el silencio todavía más intenso en el paso. El capataz interior, mi gran amigo Gamonoso, pronuncia las palabras mágicas para nosotros “atentos todo el mundo señores”, y los sones de campanilleros empiezan a tocar. Todos por igual y con un cariño maternal avanza la cuadrilla. Para ellos es especial esta marcha que año tras año disfrutan y bailan “con perdón” como ninguna otra.
Al cambio del tamboril, los pies avanzan milímetro a milímetro, las caderas se contonean para que el palio no se mueva. Él no ve a la Virgen, pero percibe que va más aliviada en su caminar tras su hijo el Nazareno.
La cuadrilla rompe al cambio de la marcha, las personas arrancan en aplausos y halagos a los costaleros. Dentro se ha trabajado bien y a gusto. Tú capataz interior del paso amigo Gamonoso lo has bordado.
Todavía recuerdo el año que entraste a formar parte de nosotros, eras un niño, quizás me recordabas a mi en mis primeros lances como costalero.
Al pronunciar la palabra niño, quiero dedicar esta gran chicotá y de las que más disfrutamos esta cuadrilla, a los niños de las cruces de mayo. A esos pequeños, que yo les llamo con mucho cariño, costaleros de la talla “S”. Si alguien lo duda diré que estos chavales hacen las delicias de todos los que los sigue.
Es todavía tiempo de primavera, en el aire se percibe el olor a azahares, restos de cera quemada y aromas de incienso. De repente, surgen en pleno mayo las cruces para orgullo de todo Valverde. Gracias a la dedicación de la peña de costaleros blancos, que pasa muchas horas fabricando pasos y formando a estos costaleros para su correcto desarrollo y así evitando lesiones indeseadas.
Quien no se ha emocionado viendo a sus hijos, nietos o sobrinos llevando con tanta gracia y orgullo esos magníficos pasos, bailando al son de las marchas. No les falta ningún detalle, sus costales, sus zapatillas, sus fajas, sus camisetas y sus medallas colgadas en el pecho.
Seguro que no son costaleros de promesas por su gran juventud, pero no les falta coraje para estar atento al martillo del capataz y todos a una y por igual llevar las cruces al cielo como hombres costaleros.

¡Menos paso quiero!. La Virgen se aproxima a la puerta. Poco a poco, lentamente, los costaleros sudorosos y agotados sólo piensan en ella. Por su mente rondan momentos de años anteriores, buenos y malos. Saben que es difícil y muy delicada, aunque no confían en sus fuerzas se animan entre ellos y les piden a la Señora que les de un poquito más de pundonor para entrar en el templo.
Al fondo se escucha el capataz “los dos costeros a tierra por igual”. El paso baja, baja como cae la niebla, poco a poco, parece como si flotara en una nube. Rodilla en tierra están ya los costaleros, y de momento el silencio invade toda la Iglesia. Sólo se escuchan los últimos murmullos. De pronto el bolillo del primer varal entra en el portal y el capataz manda más a tierra. Los costaleros están casi tirados en el suelo y aún así cogen el compás del paso. Los cuerpos se hacen solo uno. Momentos después entre “olés” y aplausos por fin el paso entra. El costalero sufre pero goza y disfruta con abrazos y llantos. Dentro se escucha “que entrada”, “ha sido preciosa”. Abrazos y besos se mezclan entre el respirar cansino de estos valientes costaleros.
Recuerdo amigo Márquez que en tu pregón nombrabas a tu maestro y te sentías muy orgulloso de él, que te guió y enseño. Yo no tuve maestro, pero si he tenido desde el principio a mi lado un amigo, un costalero amigo, que año tras año me ha demostrado su valía como persona y como costalero.
Como persona nunca te has echado atrás y siempre me has ofrecido tu ayuda desinteresadamente, y para describirte solo leería en el diccionario lo que quiere decir la palabra “amigo”, el que lo da todo a cambio de nada, asi eres tú Andrés.
Como costalero puedo decir tantas cosas de ti que no acabaríamos nunca. Hemos disfrutado, reido, llorado juntos; también hemos sufrido la trabajadora estos veinticuatro años.

Cuando las fuerzas me fallaban tú me apretabas la cintura y me animabas a echar el resto, y en esos descansos entre chicotá y chicotá, nos decíamos año tras año: éste es el último, qué viejo estamos, solo palabras que no tenían buenos cimientos y siempre el corazón ganaba la batalla.
Como anécdota os contaré que gracias a ti, Andrés, voy a cumplir un sueño como costalero. Sacar a la Virgen 25 Jueves Santo. Tú hace unos años me hiciste creer en mi y pasar esa pequeña depresión que me hizo casi colgar el costal. Todo te lo tomabas a broma y con humor y poquito a poquito me hiciste encontrarme con mis compañeros de costal. Nunca sabré como agradecértelo. Quizás no sean palabras muy rebuscadas ni bonitas, pero te las escribo con todo mi agradecimiento. Quiero que sepas que cuando se pasea la imaginación sobre el recuerdo de la semana santa valverdeña, siempre aparece tu nombre.


Andrés, tu eres,
Infatigable compañero,
Amable amigo
El mejor costalero
Perfecto hijo e insuperable padre y esposo
Ésta entrada te la dedico a ti
Andrés el gordo.


¡Compañero arriba con ella!, que ya estamos llegando a la capilla. Aprieta los dientes, saca fuerzas de flaqueza y agarra con pureza tu trabajadera, un poco más valiente, sudoroso y agotado el costalero recibe las órdenes de su capataz. Sus movimientos ya son lentos y muy fatigados, se comentan palabras entre ellos de ánimo y aliento. Se sufre porque llegue el final, pero no se desea que llegue.
En el interior del paso se escucha una voz ronca del esfuerzo que dice: “Señores, vamos a disfrutar que dentro de unos momentos cuando el capataz diga ¡Ay quedó!, no la volveremos a llevar en nuestros hombros hasta el año que viene. Que bonito momento de tantas sensaciones, entre ellas, de rabia y alegría. Rabia por tenerla que dejar en su capilla y alegría porque todo ha salido sensacional.
El capataz agarra el llamador y con voz emocionada pronuncia el ¡ay quedó!.
Esta chicotá la quiero dedicar al sueño, pues así se llama mi pregón.
Ayer soñé que casi era Jueves Santo, mi último año como costalero. Que debía ser fuerte para colgar el costal. Tenía que dejar en el arcén de mi vida la faceta de costalero, que tantas y tantas emociones y satisfacciones me ha regalado. Soñé que estaba aquí delante de todos mis amigos cofrades, narrando el pregón del costalero, acordándome de esos momentos repetitivos en tu trabajadera, que año tras año, quieres tú sin buscarlos, que te corran por todo tu cuerpo. Y por supuesto sin olvidar en este sueño, mis promesas y personas inolvidables, de toda mi vida como costalero.

Todo se acaba, “el telón se baja”, queda en mí, una esperanza que el año que viene mi cuadrilla, mis niños de trabajadera, mis buenos amigos y compañeros de toda la vida en el paso, me dejen dar una chicotá con mi faja y mi costal, antes de guardar en el armario del recuerdo, todo mi caminar costalero. ADIOS Y GRACIAS.


Juan Carlos Carrero Rabadán
Semana Santa 2006

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