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PREGONES > S.SANTA
XXXII PREGÓN DE LA SEMANA SANTA DE VALVERDE DEL CAMINO. HUELVA.
Organiza: HERMANDAD DE NUESTRO PADRE JESUS DE LAS TRES CAIDAS, PRIMITAVA COFRADÍA JHS DEL SANTO ENTIERRO Y MARIA SANTÍSIMA DE LA SOLEDAD.
Pregonero: MANUEL PABLO ROMERO BOZA.
En Valverde del Camino a, 2 de Marzo de 2008.
Al Crucificado.
por cuatro clavos mordido, tu sufrido cuerpo
pende de una tosca cruz de pino…
y la luna que relumbra por tu cara amarillenta,
te da el rictus amargo del que muere lentamente.
laxos tus miembros que fueron envidia
de los pinceles…ahora, ensangrentados,
semejan dos corazones de amor
martirizados…
tus desgarradas rodillas por las aristas cortadas,
son oraciones eternas… tu cabellera endrina
de Nazareno, revuelta y ensangrentada, semeja
una moribunda cascada de golondrinas.
tus entornados parpados tienen de clavel y rosa
y de envolturas de nardos. tus manos sangrantes
clavadas al madero… son dos alas que se escapan,
imparables de la cruz…
borbotones de sangre mana de tu costado la herida
y junto a ella, eterna plegaria a la humanidad podrida…
esa humanidad terrible que sin clemencia labrada
la muerte del dios-hombre, esa muerte inigualada…
tu ya vidriosa mirada ha de atravesar las almas
de los judas y cobardes que derramaron tu sangre…
de los sucios iscariotes que escupieron la carne
de tu cara de mártir sangrante y escarnecida.
una soledad amarga me ensombrece de dolor,
cuando te veo clavado en la cruz como un ladrón…
tu, que no tocaste materia, y de quien su boca
manaba eterno perdón y amor…
tu que a los ciegos dabas, vista a los ojos,
y luz a su interior… tu que limpiabas con soles
las sombras de la traición… ¡A ti, sufrido Jesús,
a ti te siento clavado en mitad del corazón!...
Autoridades religiosas.
Autoridades civiles.
Querido hermano mayor de la Hdad. de nuestro padre Jesús Nazareno, Santo Cristo de la buena muerte y María santísima de los Dolores.
Querido hermano mayor de nuestro padre Jesús de las tres caídas y primitiva cofradía de JHS del Santo Entierro y María Santísima de la Soledad.
Representantes de hermandades de gloria parroquiales.
Amigas y amigos,
Señoras y señores.
Gracias pedro por tu presentación sincera y por demostrar amistad sencilla, pero generosa y que compartamos por muchos años vivencias de cofrade juntos.
Hoy quiero dirigirme a todos aquellos que componen, sienten, aman, esperan, desde la cruz de guía, los faroles, los cirios, diputados, senatus, bandera, estandarte, sine-labe, libro de reglas, varas, acólitos, capataces, contraguías, priostes, canastilla, incienciario, apaga velas, costaleros, promesas, en definitiva, cofrades todos, para anunciarles que ya pronto tendremos el honor de participar, reflexionar, conmemorar y representar la pasión de cristo.
Y lo quiero hacer dando un repaso a lo que han sido mi vivencias personales, las personas que me aconsejaron, enseñaron, guiaron e hicieron forjar en mí un sentimiento de respeto y de necesidad de vivir intensamente los pasajes de la muerte y resurrección de cristo.
Hay diferentes formas y edades de que llegue uno a ser cofrade, unos por una promesa, otros por un hecho grave ocurrido en su familia y muchos, cual es mi caso, por haber nacido en una familia que desde niño me fue educando, enseñando, animando a participar y disfrutar de esta celebración.
En este aprendizaje fueron y son fundamentales mi madre, Ana Maria, mi padre Diego, mi abuela Reposo, mi abuelo Manuel y como no, su hermano, mi tío diego. Curiosamente estoy hablando de dos familias una blanca y otra negra, pero que lo primero que me enseñaron todos, fue la tolerancia, la defensa y el respeto por y para cada una de ellas, recuerdo a mi padre diciéndome “Manolo, para participar en cualquier foro social de tu pueblo, debes ir y debes sentir un carácter meramente constructivo, no destructivo, pues siempre habrá que criticar y que mejorar, eso es fácil, pero lo difícil es aportar, solucionar y trabajar en comunidad”.
De mi abuela Reposo aprendí su bondad, su sabiduría en la liturgia, su sencillez en entenderla. De mi madre, como resumir lo que supone mi madre (su fuerza, su alegría constante, su saber estar, su presencia inmediata en la necesidad, su capacidad de amar, perdonen ustedes para mí siempre será la verónica ideal y la más guapa, más por su espíritu que por su físico). De mi abuelo Manuel su experiencia, su humor sencillo pero inteligente. Mi tío Diego, su voz rotunda pero entrañable (ese “hermandad, de rodillas” antes de salir en la madrugada, para rezar el padre nuestro, sus obras). La responsabilidad que recae sobre mí al Pertenecer a esta familia, con sus luces, con sus sombras, pero que a muchos y en muchas cosas no han pasado desapercibidos. Siendo estos los más significativos, no puedo dejar de nombrar a todos mis tíos, mis primos y sobre todo a mis cuatro hermanos y cinco hermanas.
Mi padre, mi consejero, mi maestro, mi más sincero crítico. El me enseñó, todo sobre mi hermandad, sobre la semana santa, como mirar, oír y disfrutar con ella, tanto en Valverde, como en Sevilla. Su amor por su pueblo, embajador incansable de sus costumbres, su humanidad, su apasionante defensa del rigor y del perfeccionismo en cualquier acto que organizaba.
Metido en la tarea de ir rellenando folios en blanco, te he echado en falta, pero hoy te siento presente, te aseguro que tu inspiración y enseñanza, está y estarán siempre en todo lo que haga, por eso hoy y con el permiso de todos ustedes, tengo la obligación de dedicarle este pregón e intentar mantener, para poder ser lo más sincero posible, una entrañable conversación con el.
Los primeros recuerdos son, como todos los recuerdos que uno puede tener de la infancia, de imágenes sueltas y dimensiones exageradas, de las primeras procesiones, vestido con túnica pero con esclavina en vez de antifaz y capirote, de llevar una vara, hecha en los talleres de cera o una sencilla canastilla. Son momentos que se viven entre asustado y extrañado de ver a tanta gente mirando y tantas personas disfrazadas, sin entender el por que ni para que te encuentras allí.
Un poco más tarde empiezas a participar de la vida de la hermandad, ayudas en el traslado de insignias, enseres, cirios, flores (recuerdo que un año me tocó recoger las flores, claveles y lirios, en la estación se San Bernardo de Sevilla, viaje con ellas hasta Valverde y lo que al principio era un delicioso aroma, al llegar al cruce de la venta las tablas se convirtió en una pesadilla de fatiga y tuve que parar y respirar para recuperarme). Participas en actos como el lava pies, vestido con la túnica de tu hermandad, (aunque a mí mi abuela Reposo me ponía una roja, lo cual yo no entendía y ella me decía que era la de monaguillo), se celebra el jueves santo con motivo del oficio conmemorativo de la última cena y por aquel entonces los chiquillos disfrutábamos del premio que nos daba Don Juan, el Párroco, un duro para pasteles de “Segura” siempre saltaba alguno gritando “pedimos alpargatas, que tocamos a más”.
Una vez que creces y has recibido una educación cristiana, conoces ya la vida de cristo, entonces empiezas a ver de otra manera la semana santa y empiezas a tener conciencia de el por que del disfraz y de la representación mágica que se realiza por las calles de tu pueblo.
Esa representación…la Cofradía, la Estación de Penitencia, el Día Grande, es para la mayoría de los conciudadanos la máxima o la única toma de contacto con las hermandades, por lo que somos valorados y respetados, de ahí la importancia y la responsabilidad que tenemos los cofrades de realizarla con el máximo respeto, orden y sabiéndole dar el protagonismo a los auténticos artífices del sentir cristiano, la Cruz, Jesús y la Virgen Maria.
Hay unas normas básicas que si no las adviertes desde pequeño o las comentas con aquellos que quieran realizar estación de penitencia, difícilmente se cumplan. Respetar el sitio, no hablar, respetar el anonimato que da el antifaz, la vestimenta adecuada, respetar al diputado de tramo o como le llamamos en Valverde “mandamás” (que niño no ha temblado al oír el golpear del palo de diputado en el suelo, acompañado por un “cirios arriba” o “cirios abajo”). Intentar llevar con el máximo rigor, ya sea una insignia, vara, cirio o costal, el cumplimiento de las instrucciones de los diputados, capataces y priostes.
La procesión debe de ser un todo, un único hilo conductor del sufrimiento de cristo y de la virgen, en los cuales se refleja su padecer en silencio, su valor por someterse a la tortura sin replica y su amor demostrado en defensa de un único dios, del perdón, de saber aceptarlo y otorgarlo y del amor al prójimo, por eso desde la Cruz de Guía hasta el último o última promesa, todos, debemos adoptar una actitud serena, discreta, disciplinada y reflexiva, evitando que el fervor personal, que nos pueda invadir, rompa el orden y la compostura.
Para mi, que siempre he sido capirucho de a pié, la penitencia siempre me ha servido para tranquilizar mi mente, reflexionar de mis comportamientos y enfrentarlos a la palabra de dios, observar a mi alrededor y mirar directamente a los ojos de las personas, pudiendo apreciar esas miradas entrañables, desgarradoras, indiferentes o sorprendentes que nos da la semana santa. Es el momento perfecto, ya sea debajo de un capirote o de un costal, de mirar hacia dentro, de tener generosidad con los demás y no figurar, de entregarle al pueblo una expresión de respeto a unas ideas, a unos hechos que definen y marcaron a todo el pueblo cristiano y que son el estandarte de nuestra fe.
Que hermoso gesto de amor y cariño el de quienes se visten con una túnica sólo por devoción, sin preguntar el nombre de su diputado de tramo. Que hermoso gesto de cariño, que se que es el de la mayoría, el de aquellos que hacen un esfuerzo bajo el anonimato de un faldón sólo por devoción, sin más exigencia que la de su propio sacrificio, sin más recompensa que la de continuar una tradición y sin más protagonismo que el de unas sagradas imágenes.
Dolorosa
¡dolorosa…flor de lirio,
lirio en flor, en tu rostro
la amargura, en tus labios
el perdón!...
por tu llanto desatado,
lágrimas de amor relucen
en tus divinas mejillas,
hechas de jaspe y de sol…
la primavera no tiene
la fragancia que derramas,
ni los lirios del campo
perfuman como tu alma…
todo se eclipsa contigo,
flor de las flores divinas…
los balcones de las calles…
quisieran ser golondrinas…
ingrávidas golondrinas…
para rozarse en tu palio,
hecho de raso, de cielos
y de luceros…
a tu paso perfumado,
los aires enmudecieron
de nostalgia, de tristeza
y de pesar…
los candeleros de hierro
fundieronse a tu mirar,
y agonizaba la tarde
con sombría soledad…
¡y se fue contigo llorando,
caminando junto a ti,
tras el hijo de tu alma
que van a crucificar!...
En todas las procesiones hay momentos, que para cada uno son inevitablemente sensibles o especiales, el encuentro con amigos, familia, la espera, miradas al cielo, la colocación del antifaz, la respiración a través de el, su singular plano visual, el cerrojazo, los cantos, la primera levanta de la cruz, el encender de un cirio, el sonido del palo de diputado en el suelo, el calor de tu pueblo, los primeros pasos, el acercamiento de las imágenes a la puerta de nuestra casa (sobre todo por que vienen al recuerdo aquellos familiares que faltan), el olor a incienso…
Durante siete años he tenido el privilegio y la responsabilidad de llevar la cruz de guía, transmitida con todo el dolor de su alma por mi hermano Jose Maria, el cual la tuvo que dejar por una lamentable lesión provocada por un accidente. Insignia de la fe cristiana y, como su propio nombre indica, la que hace andar o parar la procesión. Es el primero que siente el aliento de su pueblo, los rostros impacientes, preocupados o desconsolados, el cruz de guía, sin tener que mirar hacia atrás, siente, palpa y percibe como transcurre la procesión y observando las miradas del pueblo expectante o los sonidos que le llegan desde la comitiva, se tranquiliza o desanima… por eso la cofradía se tiene que aferrar a ella, la tiene que acompañar y, aunque sucedan tres caídas, hay que levantarse e intentar cargarla con amor y pasión.
Yo he tenido el placer de que cuatro de mis hermanas se vistieran de verónica, Maria Dolores, Ana Maria, Roció y Alicia, a las cuatro he acompañado, cirio en mano, en la procesión de madrugada y con ellas he vivido situaciones muy emocionantes e incluso algunas graciosas. no se, pero las mujeres de este pueblo se creen que el vestirse de Verónica produce sordera, no dudan en realizar “profundos” comentarios sobre ella en voz alta (pues el que va al lado es el novio, yo creo que lleva alzas pues esta chiquilla es más bajita, incluso han llegado a tirarle del pelo diciendo será postizo o no).
Mis hermanas, que sería yo sin ellas, gracias por enseñarme a convivir en igualdad, cada una me asombra con su carácter, con un denominador común, su fuerza, su empeño en luchar por unos valores, su amor por la familia, su generosidad sin esperar nada a cambio, ellas, todas, las cinco, son auténticas verónicas que no dudan en limpiar y aliviar el sufrimiento de sus seres queridos.
Incluso momentos dramáticos como el que ocurrió en la salida de la virgen de los dolores en el año 1981, cuando se partió el sistema de elevación del paso y cayo al suelo, fue un auténtico milagro que no pasara nada grave, me sobrecogió ver a todas las personas con la cara compungida y rezando plegarias a la virgen para que protegiera a los costaleros.
El último año que el santo entierro de cristo salió a ruedas, nada más girar en la esquina del cuquillo, se partió el sistema de dirección y tuvimos que ir toda la procesión girando a base de patadas a las ruedas, una auténtica faena y unos momentos complicados de resolver, pero entramos en la iglesia, esa es mi única experiencia debajo de un paso.
Es difícil describir las sensaciones que recorren y se pasean por mi mente y por mi cuerpo, durante los días de cuaresma. El encuentro con amigos que únicamente se acercan en semana santa, pero que sin la necesidad de estar durante el resto del año junto, automáticamente fluye una complicidad en el encuentro, solamente comparable con la verdadera amistad.
Bajo la cruz
sobre tu mente lúcida y pensadora,
rueda el cosmos buscando
otras auroras de justicia y amor…
desde tu pelo como el carbón endrino,
esponjada cae la lluvia, cual diluvio
que nos moja de un divino frescor…
sobre tus labios, donde la palabra sangra,
bogan rosas en silencio, como estrellas
cuajadas de pasión…
sobre tu pecho, la curva inalcanzable
de tu sangre, riega incesante el Haza
interna de dolor…
por tu torso y tu costado, desnudos
como el mundo, elevas y repartes
tu sangrante corazón…
por tus manos laceradas… clavadas
en la cruz, siembras aspas invisibles
a tu alrededor…
bajo tus pies, sándalos vivos de carne
inextinguible… la huella imborrable
de tus pasos se eterniza en sembrador…
¡sobre ti, cristo uno y plural… el peso
inmedible de las almas, te aplastan más
y más bajo tu cruz!
Pero una hermandad es más que una estación de penitencia. Hoy estoy más cerca de la mía y desde hace casi ya tres años, perteneciendo a la junta de gobierno, he logrado profundizar más en ella. Una hermandad de penitencia, debe tener los mismos valores y las mismas características que la familia, una gran familia, en la que el hermano mayor es cristo, la madre la virgen y el padre la palabra de dios. Hay que saber aprovechar y respetar, los valores y la obras que heredamos de los mayores, fortalecer las tradiciones, los actos y, en vez de ver la paja en el ojo ajeno, intentar con la viga del nuestro hacer crecer y construir nuestra hermandad, para ello tomar iniciativas, proponer ideas, abrir las puertas de esa casa imaginaria, que es tu hermandad, a todos y todas las personas que quieran colaborar, participar e incluso buscar cobijo y liberación del vía crucis personal de cada uno.
Ahora yo tengo la responsabilidad de saber transmitir y de educar en la fe cristiana y en el amor por las tradiciones a mis dos hijos, Andrea y Manuel pablo, por ellos le pido a dios, a cristo y a la virgen, que me alumbren el camino y que me dé la suficiente fuerza para poder lograr tan grande objetivo.
Virgen de la soledad
toda hecha transparencia…
lágrimas, belleza y penas,
la virgen de la soledad,
siembra la tierra y los cielos
de semillas inmortales,
de purezas y verdades…
a hombros de sus sufrir,
sigue las huellas que el hijo,
deja a su espalda y a sus pies.
sangre en su pecho de madre,
para refrescar el dolor
del cristo crucificado…
lora la tarde en silencio una
lluvia de cristales afilados,
y parece que se hunden
en las almas, dardos punzantes,
cuando en la cruz pasa clavado,
Jesús el Nazareno…
la virgen de la soledad
llora lágrimas divinas,
que limpian las múltiples
heridas, que la turba
enardecida ha infringido
a Jesús el penitente
¿no habrá entre tanta gente
que en silencio la ven sufrir,
alguien que vele por ella,
y que redimiese quiera,
con su ejemplo solitario
y su penar?
la Virgen de la Soledad
camina con plural dolor,
y postrada a los pies de cristo,
con voz alta clama y suplica:
¡perdona hijo, perdona a los
deicidas que te crucifican!...
Y sin más, agradeciendo a mi junta de gobierno y hermano mayor, Juan Carlos, el permitirme dirigirme a todos ustedes, agradecimiento especial al maestro y amigo D. Jose Arrayas Arroyo, por regalarme el privilegio de recitar su poesía y agradecimiento a todos ustedes por su paciencia, me despido con el deseo que tengamos unas estaciones de penitencia sin incidentes y que logremos tener una vida cristiana, con salud, amor y paz.
¡He dicho!