Menú Principal:
PREGONES > COSTALERO
XIX PREGÓN DEL COSTALERO
DE VALVERDE DEL CAMINO
26 de Marzo de 2011
Por Juan Ricardo Sánchez Calderay.
Pero ¿cómo no ser yo, el que dé tu primer pregón del costalero?
¿Cómo no ser yo, el que el significado de esas 9 letras te descubriera?
¿Cómo no ser yo, el que quiera ser tú, y perpetuarse bajo la trabajadera?
Pero ¿Cómo no ser yo? Mi pequeño y futuro costalero…
Como no ser yo el que te cuente, que esta primavera, vendrá a visitarnos, una vieja amiga. Vendrá como siempre, viajando a lomos de parihuelas de ensayos desempolvadas para la ocasión, vendrá sabiéndose anunciada y esperada, vendrá asegurando, que solo se quedará el tiempo que dure su nombre, y pidiéndonos, que volvamos a recordar juntos, aquella vieja historia.
Volverá como siempre, con su baúl cargado de maderos y rosarios; de días, noches y madrugas; de rezos y promesas; de ocres perfumes y pasionales claveles.
Llegará una esperada mañana de domingo, sin prisas pero con carreras oficiales, con ganas de entradas triunfales llenas de palmas y niños, con ganas de Marías, sentencias y cautivos. Ansiosa de un domingo de calles "enciriadas", con ganas de "huelvas", con ganas de "sevillas".
Pero como no ser yo el que te cuente, que esa vieja amiga de apellido Santa, el miércoles se despertará impaciente por debutar en Valverde. Se levantará, muy temprano, para sembrar tupidamente de lirios y claveles, ese monte despoblado que sube hasta mi Cristo. Después, toda la tarde para planchar los nervios hechos arrugas, de los dos trajes que reserva para nosotros. Para, a eso de las nueve, presentarse ante nuestro pueblo con un traje blanco de morados reflejos, que no querrá quitarse, hasta que el jueves, la luna llena asomada al balcón de la madruga, la vista de negro. Traje de negro dolor, anunciador de un triste adiós, con el que a ella le gusta despedir en Valverde, el relato de aquella vieja historia…
¿Y luego? ¿Qué?, a recogerlo todo dentro de ese baúl, con el que ella volverá a pasear por los callejones de nuestra memoria, empeñada en que cualquier olor, cualquier sonido, cualquier guiño nos transporte a ella en su ausencia, empeñada en que no olvidemos lo vivido, empeñada en que mientras dure su viaje, nosotros cuidemos de su padre y su madre, que son también los nuestros, y con la promesa firmada en hojas de calendario, de que volveremos a vernos, el año que viene. (…)(…)
SALUDOS.
Distinguidas autoridades Civiles y Eclesiásticas. Hermano Mayor de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de las Tres Caídas y Primitiva Cofradía de Jesús del Santo Entierro y María Santísima de la Soledad. Hermano Mayor de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Santo Cristo de la Buena Muerte y María Santísima de los Dolores. Hermanos Costaleros, Cofrades y amigos aquí presentes, Buenas noches.
AGRADECIMIENTO AL PRESENTADOR.
Las siguientes líneas de este pregón son de agradecimiento, de profundo respeto y admiración. Mi faro de guía terrenal, en este mundo que ansía el cielo, no es otro que mi presentador esta noche. Mi amigo Julián. Julián Vizcaíno siendo un niño, se encargó de la educación de este hombre, que tras saltarse la educación general básica para ser costalero, quiso hacer el curso de acceso al costal para mayores de 25 años, y doctorarse en los secretos que encierra este mundo… Juli, me ayudó a descubrir que no se encierra ningún secreto, que no se esconde nada, que aquí hay que darlo todo.
Gracias Julián por lo que hemos vivido, por lo que nos has hecho sentir, por esas chicotás que tengo grabadas en mi mente, como imágenes enmarcadas con un marco de voz, de tu voz. Un marco tallado con palabras encontradas en tu soledad interior. Un tallado fino a base de golpes de corazón hecho gubia, en incontables direcciones, tantas como el devenir del sentimiento de tu cuadrilla.
Con los años, puedo decirte que he aprendido hasta a interpretar tus SILENCIOS, abriéndose hueco entre todos esos sonidos que adornan una chicotá. Silencios que sin tu querer, comunican con tus compañeros de trabajadera. Silencios que invitan al recogimiento, silencios que delatan sufrimiento, silencios de concentración, de rezo… Simples silencios aderezados con palabras, que me muestran la maduración que está alcanzando, ese CAPATAZ interior de PRIMERA DIVISIÓN en que te has convertido.
Gracias por ser como eres, gracias por tu dedicación, gracias por estar ahí, y por las palabras (desconocidas, y seguro que alguna inmerecida pero) dedicadas esta noche. Gracias por complicarme la vida como me la complicas. Y nuevamente gracias Julián, por enseñarme. (…)(…)
PRESENTACIÓN DEL PREGÓN.
Dice un dicho popular: "zapatero a tus zapatos". O lo que es lo mismo: "costalero a tu costal", "pregonero a tu pregón".
Esta noche no se cumple esta premisa, pues aunque vaya vestido como suelen vestir los pregoneros, no lo soy. No reúno cualidades como hablar en público, buen redactor, controlar el tiempo, las pausas, la entonación.
Por descarte la premisa que nos queda y que SI se cumple esta noche, es la de "costalero a tu pregón".
Si "zapatero a tus zapatos" significaba que cada uno se dedique a lo suyo, "COSTALERO A TU PREGÓN" viene a decir que el aquí presente costalero, se está metiendo en un patatal "embarrao" que no es de su propiedad, y que remangándose los pantalones y descalzo con los zapatos en la mano, espera cruzarlo y salir de él, lo más limpio y decente posible.
Pero hay ocasiones en las que uno debe embarrarse, y hoy es una de ellas. Es un orgullo que UNA vez al año, el silencio de los costaleros calle, y que sean sus palabras, las que inunden nuestros oídos.
La palabra del costalero como protagonista. Siempre hemos hablado, y llevado a la práctica bajo el paso, el anonimato del costalero, su deber de no ser protagonista, de no sentirse centro de nada. Pero, esta cita anual se APIADA de esa norma no escrita, y permite a un costalero levantar los caídos, y sin tener que salir por la parte trasera del paso, abandonar ese anonimato para DESGRANAR en palabras sus sentimientos.
Palabras de costaleros negros y blancos, peones blancos y negros, que lo dan todo por su rey, lo dan todo por su reina… Obstinados peones que con cada paso cuentan uno, sin PODER borrar de su mente el uno menos, en ese tablero de adoquines y alquitrán que conforman las calles de este pueblo.
Palabras dictadas paso a paso por costaleros de Valverde. Palabras reunidas en una sola voz, antaño de otros pregoneros, y en esta ocasión en la mía. …
Debo dar las gracias, y que nuestros Titulares os perdonen, a la junta de gobierno de la Hermandad de los Blancos, por ser las personas que se empeñaron en que yo subiese a este atril esta noche… No os resultó fácil, pero supisteis donde hurgar, SONSACÁNDOLE al repetido NO, un me lo pensaré, y moldearlo hasta convertirlo en SI.
Rabadán sabía, que para quitarle la coraza del No a un costalero, es infalible nombrarle a su hijo, y evocar ese sueño lejano de verlo un día como costalero… Eso hizo, Hijo, eso me hizo. Así que una vez aquí, hijo mío, cómo no dedicarte este pregón, si te he robado a tu padre durante estos meses, si he hecho de su presencia ausencia, si cuando has pronunciado una de esas dos palabras que ya tienen significado para ti, no has hallado respuesta.
Hijo, hoy, cuando solo hace un mes que soplaste tu primera vela, te hablo desde donde nunca más te hablaré. Hoy me sitúo delante de MI capilla, esa que tú ya conoces, custodiado, por TUS TITULARES, que son también los míos. Hoy, en voz alta lo doy todo para pregonarte, QUE SOY COSTALERO…
Soy, uno de esos marineros de remplazo, sin jornal pero con fe, que cada año en sus barcazas doradas de sol y plateadas de luna, se echan a la mar de asfalto, y cumplir así, con divinas misiones talladas en nobles maderas.
Soy un recluta que ansía febrero para ser llamado a filas, ejercito en misión de paz, que saca sobre sus hombros a un Dios que nunca pidió ser sacado a hombros.
Soy uno de esos campesinos que a golpe de racheo, zachean con afán las calles de este pueblo, y así ayudar a su Señor, a sembrarlo de semillas de fe.
Soy, hidalgo caballero de triste figura, con harapos de príncipe, como traje de gala. Y con dudas gigantes, como molinos de viento, a los que voy desojando sus aspas, desesperado por dar respuesta, a ESAS dudas existenciales que en momentos me asaltan, como en tiempos me asaltaron, y que me impiden encontrarme con mi Dios, limpio de sensación de culpa.
Soy eso, que antiguos pregoneros explicaron desde este atril. Soy eso, que es NADA, sin el somos. Soy eso, que no vale con serlo, hay que sentirlo, sentirse. Soy eso, que espero que un día seas, que un día, ambos seamos. (…)
Pero costalero, cuéntale a este niño, ¿cuál es tu razón de ser?
¿Es quizás portar la Palabra, mantener viva una tradición, buscar consuelo, un desafío, sentirte algo más? ... o simplemente buscas siglos después, ayudar a nuestro Cristo, por necesidad de perdón, por necesidad de encontrar respuesta, por vergüenza, por aliviarle de su sacrificio… y por eso nos agarramos a maderos como hizo nuestro Cristo Nazareno, nos apretamos fajas, que marcan cinturas con laberintos de latigazos, por eso imitamos caídas y levantas en ese caminar de pasión, y por eso nos coronamos con espinas de arpillera, para intentar centrar en un solo punto de nuestro cuerpo, todo ese sacrificio que hizo por nosotros, y que enorgullece y aflige a la cristiandad…¿Pero qué buscas costalero? (…)(…)
DESARROLLO DEL PREGÓN.
Hijo empápate del ambiente que te rodea, porque aquí reunidos tienes a la parte HUMANA y la parte DIVINA de la Semana Santa de Valverde. Estás ante historia viva de este pueblo. La parte divina, nuestros Titulares, silenciosos protagonistas a los que nos entregamos bajo su manto de protección, y al mismo tiempo, que nos entregaron bajo la promesa de protegerlos. Y la parte humana, nosotros, los que somos, los que fueron y los que seréis. Las hojas caducas de este árbol milenario, no exento de crisis, al que TÚ, hijo de costalero, supones esperanza en forma de savia nueva…
Pequeño, quisiera explicarte este mundo (del costal) con la simpleza con la que se puede explicar la vida: con un nacimiento, vida y muerte…
Hijo mío, antes de tu llegada, la gente AVIVABA mi ilusión anunciándome el nacimiento de un futuro costalero. Con Marcha Real te dimos un recibimiento digno de reyes. Tu habitación del hospital se adornó con claveles que días antes adornaron al Nazareno. Con tan solo días, ya colgaba de tu cuello la medalla de tu hermandad, aunque en vez de descansar sobre tu pecho, llegaba hasta tus tobillos… Y con un mes de vida, la madre de Juli ya te había hecho tus primeras alpargatas de esparto.
Poco a poco, veo como el álbum de fotos de tu infancia se está llenando de recuerdos cofrades. Fotos que yo no encuentro en el mío.
En el álbum de fotos de mi infancia las vacaciones de Semana Santa me traían a Valverde. Las procesiones en Huelva me eran lejanas, desconocidas y multitudinarias, y además, siempre había que ir de la mano… y aquí, en este pueblo, donde TÚ disfrutarás de la Semana Santa, un niño es casi protagonista en las procesiones. Hay, cuanta cera enrojecieron mis antaño pequeñas manos, cuantos secretos iluminados tras levantar esos caídos, cuanto orgullo y "presignaciones" al rozar las maderas durante el caminar de un paso, cuantos saludos de amigos amparados por el anonimato del antifaz. Cuanta cercanía, cuanta libertad, y en definitiva, cuanto "disfrutaero".
Y los años pasan, y durante casi treintena años formé parte de la Semana Santa de caídos hacia fuera. Y los años pasan y no había una sola procesión del Cristo, en la cual no me preguntase el ¿POR QUÉ YO NO ESTABA AHÍ?
Y los años pasan, y la suma se convierte en resta, hasta el punto de ver como jóvenes amigos decían que había pasado su ciclo de costalero. Veían su momento y se despedían. Y con ellos yo.
Pero en mi rol de espectador, y viendo al Crucificado el miércoles santo, me seguía preguntando ¿Y POR QUÉ NO? ¿POR QUÉ NO LO LLEVABA POR LAS CALLES DE VALVERDE? ¿POR QUÉ ME HABÍA HECHO MAYOR, CON LO JOVEN QUE ERA? ¿Por qué?…
"Kiko, que suerte tienes por ser costalero del Cristo, como te envidio", me repetí en silencio multitud de veces. Hasta que una de esas veces, lo hice en voz alta y en su presencia.
Con la edad en la que muchos costaleros pasan a la reserva, y con la relativa independencia que da el poder conducir tu propio coche, recibí el ultimátum soñado… "Ricardo soy Kiko, si quieres entrar en el Cristo, vente hoy "pa" Valverde, que este año hay bajas y quizás haya hueco".
Yo no lo sabía, pero era un año de cambios, de renovación en la cuadrilla del Cristo. Manolín cedía la voz de mando a Cuesto, y los contraguías sus plomadas, el hoy presentador hacía su debut como joven capataz interior, y la cuadrilla fichaba a nueve promesas, entre ellas yo. El estreno más importante, 35 costales con sus respectivas morcillas, que castigaban a las viejas almohadillas, a no debutar jamás con tambores y cornetas.
Con renovadas ilusiones, con ganas de hacer cosas, con experiencia pero con temores, esa cuadrilla comenzaba a aprender lo sabido, a corregir imperfecciones, a buscar paso a paso su propio estilo.
Kiko, amigo, tu eres la persona que levantó los caídos del paso del Cristo para que yo entrase. Contigo hice mi primer costal, y juntos hicimos esa estación de penitencia que supuso mi debut como aprendiz de costalero, y paradójicamente, tu despedida.
Lo que te has perdido en estos años. Te eché de menos en ensayos, tu abrazo me faltó tras la última arriá, cuando me pusieron la medalla a los tres años ya no te sentías invitado, aunque no faltaste al 25 Aniversario de tu Cuadrilla, que supuso para todos, un emotivo reencuentro y una más que palpable exaltación de la amistad. Kiko, gracias por oírme, gracias por llamarme, y gracias por llevar juntos a nuestro Cristo. (…)(…)
Y tras el nacimiento de tu padre como costalero, pequeño mío, las vivencias. Esa vida enriquecedora, que crece paralela a esta otra vida cotidiana, que lucimos todos los humanos.
Cuanto por contarte, cuantas vivencias buenas… y malas…pero hasta las malas pueden ser las más enriquecedoras…
Aún me duele aquel Miércoles Santo lluvioso. Aquel, en el que una banda de tambores y cornetas, desde el Altar Mayor de esta iglesia, quiso atenuar nuestra pena.
No veía mi cara, pero viendo las de mis compañeros me hacía a la idea. Recuerdo no saber dónde mirar, FORZAR por no soltar una lágrima, APRETAR los labios para no dejar escapar el menor de los "pujeteos". Pero esos solos de cornetas recortados por el tintineo de la lluvia se nos clavaban sin piedad en nuestro sentir, y nos alejaban la respuesta del ¿POR QUÉ NOS MANDABA NUESTRO CRISTO ESAS LÁGRIMAS, ESAS GOTAS DE LLUVIA?...
Pequeño que confundidos estábamos. Y que lección nos llevamos.
Nuestra hermandad, con la aprobación del párroco, obedeció el sentir ese año de nuestros Titulares, accediendo a que caminasen juntos el Jueves Santo.
Hijo mío. La Hermandad en pleno salió a la calle. Nuestro Cristo siguió los pasos del Nazareno, pisó por donde Él habitualmente pisaba. Visitó a gentes que oraban por una palabra suya, como no sintiéndose dignas de que fuera a sus casas. Recuerdo con satisfacción (, con emoción), cuando nuestro Cristo paró frente a la casa de mi amigo Nanu, en ese año en el que quizás, Nanu más le rezó, y que su inesperada presencia allí, parecía decirnos que sí, que le había escuchado, que siguiera teniendo esperanzas en Él…
Que noche.
Que noche de enseñanza. Nuestro Cristo arropado por su Imagen Nazarena y su Virgen de los Dolores nos puso a prueba. Le pidió a su cuadrilla que reflexionara, que buscara cada costalero en su interior su sentido de ser, su por qué, su yo costalero… A solas, alejados del esfuerzo de acompasarse con una banda… Nos pidió, que cada paso fuese único, sordo, pero bello en su simpleza.
Aquella noche la cuadrilla dejo de ser la misma. Salió reforzada. Maduró a golpe de silencio de tambor. Comprendió lo que tenía que comprender… La hermandad supo ser regalada con esa segunda oportunidad, y los costaleros del "Crucificao" se lo supimos agradecer haciendo una solemne, difícil y enriquecedora estación de penitencia… …
Ay, Hijo mío, me desbordan los recuerdos, desfilan procesiones que piden la vez para entrar en la carrera oficial de mi mente. Procesiones que aparentan ser iguales, pero que ni por asomo lo son. Cuanto por descubrirte, cuantos momentos por regalarte.
Quisiera, que sintieras el compromiso al poner el costal a un amigo, la confianza que él te muestra, como quien busca al mejor anestesista antes de que ese tatuador hecho trabajadera comience su trabajo.
Quisiera explicarte con que cariño y nervios se amarra la medalla a la faja, como quien aprieta un vendaje en una herida, con la intención de que empape, de que algo de lo que allí suceda se quede marcado en ese metal, y así poder llevarte a casa, algo más que una medalla.
Quisiera reproducirte los aplausos tras la salida, refrescantes soplos de aprobación con los que nos obsequian, y que entremezclados con marcha real, nos exaltan y desorientan.
Quisiera describirte, el dolor en una levantá dedicada, a ese costalero que se lesionó tras la mudá, escasas palabras de consuelo, para reflejar el sentir de una cuadrilla.
Quisiera enseñarte a leer en las lágrimas de un compañero, incómodas polizontes con asientos pagados, con las que todos debemos cargar.
Quisiera, descubrirte la sombra de mi Crucificao en esa pared encalada, que sin verla, se que durará en la calle Nueva, lo que dura la revirá… Y tras ella, nuestro alargado rezo, nuestro deseo de elevar a Cristo hasta la extenuación, nuestro poquito a poco hasta que el Padre Nuestro rezado en la Trinidad, marque el descanso de las cornetas.
Quisiera presentarte, a esa calle Trinidad, la que un Miércoles Santo, escuchó la saeta de un hijo que añoraba el habitual quebranto, de la saeta cantada por su padre Germán.
Quisiera mostrarte como de vuelta al templo, cuando la gravedad realiza su trabajo más a conciencia, siempre tendrás al lado a un compañero, que adivinando tu desvanecimiento, te dirá las palabras liberadoras de "déjate vení un poquito". Y asegurarte, que pocas veces se hace caso a esas palabras.
Quisiera llevarte a mi vera en una chicotá, para sentir, lo que junto a sus hijos, ya sintieron (entre otros) MÁRQUEZ Y COCO. Recuerdo bajo las trabajaderas a ese Márquez, a mi lado, justo detrás de su hijo. Emocionado, no dejó de darle consejos, de corregirle posturas, hasta de sincronizar sus relevos para no perderle de vista bajo su amado Cristo. No dejó, de olvidarse de sí mismo, para centrarse solo en él. En su hijo, ya costalero.
Quisiera que sintieras aquella primera procesión, aquel primer paseo junto a mi Cristo, y como tras agradecer y ser agradecido POR mis compañeros, me paré a mirarlo. Ahí estaba, con ese semblante dulce. Y ahí estaba yo, diferente, cambiado en mi interior para siempre. Y en el exterior, ESTIRADO hacia abajo por el esfuerzo, y estirado hacia arriba por la satisfacción, la confusión y el orgullo.
¿Pero que buscaba tu padre con ser costalero (hijo mío)?
Al principio buscaba un hueco en ese locutorio oscuro y apretado de iguales, que ofertándome una línea directa con Dios, me permitiera durante poco más de 3 horas ir enumerándole mis agradecimientos, problemas, promesas y peticiones para mis ausentes y presentes, para mis seres queridos.
Luego llegó un orgullo no buscado, la satisfacción de sentirme especial y afortunado. Y con ello crecieron mis presentes, todos aquellos iguales que abarrotaban aquel paso convertido en antena de comunicaciones con el cielo. Y sus peticiones, también se hicieron mías.
Y ahora, con los años la búsqueda ha encontrado responsabilidad, compromiso terrenal y divino con esa imagen de mi Dios, que centra toda mi fe, que me rescata de mis naufragios, que me consuela en esos momentos en los que nadie tiene consuelo.
Mi Cristo en su imagen crucificada, nuestras conversaciones y esos hombres que con fe lo portan, me dan el sentido que en el fondo buscaba para ser costalero. (…)
Y tras las vivencias, pequeño mío, tras la vida, el fin. La muerte en vida del yo costalero. ESA, que llega cuando la palabra HERMANO se queda huérfana de su apellido, COSTALERO. Esa muerte, que sueña con resurrecciones, que no puedo explicarte hijo mío, pues aún no la he vivido, aunque sé que llegará, y que espero que llegue… cuando más esperada sea.
Aunque sí sabría explicarte ese NO deseado sentimiento nacido del ADIÓS a un costalero, de la ruptura de la felicidad con cada retirada de un compañero. Con esa retirada parcial que sufre uno, cuando es otro el que se despide, el que deja su hueco, el que nota que ha llegado su momento, y da el paso. Y con él, lo damos un poquito todos.
Este año unos nacerán y otros se perderán, como ocurrirá con el paso de la Urna, que este año perderá entre otros, a un Ángel, a su Ángel más longevo, fiel pilar, que durante más de 20 años la sostuvo.
Desde aquí Ángel, quisiera darte las gracias a ti, y a los que tomarán, y a los que tomaron, el mismo camino que tú, por haber soportado todos estos años sin quejarte, el ver las procesiones de tu Cristo desde ese único sitio desde donde no podías verle la cara, desde donde únicamente cerrando los ojos y guiándote por sonidos y olores, podías montar en tu mente la secuencia de imágenes de lo que se estaba viviendo, desde ese sitio abarrotado e incomodo, donde hasta el aire parece que prefiere no estar y verlo desde fuera,… desde ese sitio, compañero, que en el fondo añoraremos toda la vida… …
Pero hijo mío, no te asustes, que esa muerte, ese Final hay que vivirlo y espero vivirlo, pero diferente, cogiéndolo por los cuernos, y cambiando esas palabras, "MUERTE", "FIN", por uno de sus sinónimos, "COLOFÓN"… Y así, poder volver a explicarte este mundo del costal, con la simpleza con la que se puede explicar la vida: con un nacimiento, vida y colofón… (…)
AGRADECIMIENTOS.
Cuando en el tiempo encontraba un hueco para escribir este pregón, con la tranquilidad que daba la lejanía de la cita, como si el botón de la cuenta atrás no hubiese sido pulsado, dos ideas me secuestraban el pensar, pidiéndome y consiguiendo como rescate un hueco en estas líneas. Una eras tú, hijo mío. Y la otra, los agradecimientos.
Y empezaban a cruzar por mí cabeza como estrellas fugaces, los nombres de mis compañeros de trabajadera. Estrellas que dejaban pintada en mi mente estelas de justificaciones, de motivos por los que estar eternamente agradecido a esos hombres, a esos costaleros.
Mi cuadrilla, presente y ausente, costaleros de otros pasos, de otras hermandades, amigos y como no, familiares. Sois muchos, demasiadas estrellas, demasiados agradecimientos.
Pero no quisiera quedarme como esa pareja de novios que quiere invitar a todos sus allegados a su boda, y no les caben, no hay hueco, (y tienen que dejar alguno fuera).
Aquí no, estáis todos ahí, en ese cielo plagado de estrellas en el que se ha convertido mi mente. Os veo, y os doy las gracias de corazón, de esta forma tan genérica, para que sepáis coger de ella, el trocito que con cariño os toca. Gracias, de corazón, gracias…(…)(…)
Pero, sigo mirando a ese cielo abarrotado, y a lo lejos veo una estrella con un brillo diferente, ausente, sin movimiento. No dudo al reconocerla, me doy cuenta de que esa luz me ha acompañado todo este tiempo.
Al subir a este atril, he mirado a la cara a mi Crucificado, y al bajar la mirada busqué esa luz, a ese amigo, entre sus músicos, entre su Banda del Tirachinos, y solo he encontrado su ausencia… Ausencia que ya dura dos años, por lo que no puedo dejar pasar esta oportunidad de recordar a ese hombre, que le daba significado a la palabra AMISTAD.
A ese amigo que un Domingo de Ramos finalizó su personal viacrucis, cruzándose en ese día, con su amado Cristo que BAJABA para comenzar el suyo, en ese domingo de ramos, en el que todavía resuena la ausencia de su solo de saxofón, en la más triste interpretación que recuerdo del pasodoble de Valverde… LÁZO, no hubiese faltado hoy a mi pregón, (como no faltó a los anteriores), como nunca faltó a su querida semana santa valverdeña. Él, la vivió como pocos la hemos vivido, con tantos roles como le cabían en su maleta de la vida… La vivió desde el sudor del costalero bajo el paso de su Virgen de la Soledad…, desde la responsabilidad de dar órdenes como capataz de su Virgen…, desde los entelados muros del antifaz nazareno…, desde la solemnidad de atenuar con su música LAS TRES CAIDAS DE SU SEÑOR, su crucifixión, y su santo entierro…, desde sus SONES hecho pañuelo de lágrimas con que limpiar la soledad y dolores de su Virgen,…
… desde el acompañamiento como promesa, cuando no le quedaban SOPLOS ni para apagar la vela que portaba,… y desde mi corazón, en esos últimos años, en los que centró todos mis rezos bajo la trabajadera… y hoy, a ti Lazo, que ya eres uno de esos tesoros que guarda esa vieja amiga en su baúl, quisiera regalarte este nuevo sitio desde donde vivirla,… desde estas líneas, desde nuestro recuerdo…
Gregorio Lazo, por lo que fuiste, por lo que nos diste, y porque siempre se quedan cosas por decir... te doy las gracias. Eternamente gracias. (…)(…)
FINAL.
Hijo mío, desde la primera vez que vi, el resplandor de la sinuosa luz de una vela brillar en tus ojos, ya quise ver en ellos capirotes y procesiones.
Un padre siempre quiere lo mejor para su hijo, y ahora mis ensoñaciones, pasan por una chicotá juntos, cercanos en la trabajadera, viejo y experimentado hombro, junto al tuyo, pequeño, fuerte e inexperto hombro.
Y si,…Y si el tiempo no me da más tregua…, si antes de que TÚ llegues, a mí me alcanza esa muerte en vida del costalero,…, pequeño mío, querría poder levantar desde fuera los caidos y buscarte, buscarte en la penumbra,…, y encontrarte, encontrarme, hijo mío, en tus ojos reflejados, cual utópica reencarnación en vida, de este, tu padre costalero…
HE DICHO.
Sub-Menú: